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Fantasía e imaginación en Montessori: por qué no son lo mismo y cómo se construye cada una
Montessori distingue entre fantasía e imaginación porque no cumplen la misma función en el desarrollo del niño pequeño. La fantasía suele llegar desde afuera, creada por otro. La imaginación nace de experiencias reales que el niño ha vivido con su cuerpo.
Cuando un adulto introduce personajes de fantasía en la vida de un niño de dos años, no está desarrollando su imaginación. Está ofreciéndole algo que su mente todavía tiende a absorber como parte de la realidad, porque en esta etapa el niño aprende desde la experiencia concreta y todavía está construyendo su comprensión de lo abstracto.
Qué observó Montessori sobre fantasía e imaginación en los primeros años
El niño de 0 a 6 años tiene lo que Montessori llamó mente absorbente: absorbe el ambiente sin filtro. En esa misma etapa actúan los períodos sensitivos, ventanas de tiempo en que el niño tiene una atracción especial hacia ciertos aspectos del mundo real. Por eso el ambiente en estos años necesita estar lleno de experiencias concretas, no de mundos inventados.
La diferencia entre fantasía e imaginación
Son dos procesos distintos que Montessori diferenciaba con precisión.
La fantasía nace en la mente de un adulto y se transmite al niño. Es externa a él. Alguien inventa un personaje, una historia, un mundo, y el niño lo recibe sin haberlo construido desde su propia experiencia.
La imaginación aparece cuando el niño ya tiene suficientes experiencias reales para empezar a transformarlas internamente. Un niño que ha tocado arena, agua, madera y tierra puede empezar a imaginar nuevas posibilidades: qué cambia al mezclarlas, qué sucede con el agua, cómo se transforma la textura entre sus manos.
Por qué la realidad construye imaginación más profunda
Un niño de dos años que lleva veinte minutos mezclando tierra y agua en el jardín no está perdiendo el tiempo. Está acumulando información sensorial: la temperatura de la tierra seca frente a la húmeda, el peso que cambia al agregar agua, la textura que se vuelve otra cosa. Esa experiencia pasa a formar parte de lo que el niño conoce del mundo. Muchísimo más humano. Años después, cuando ese niño pueda imaginar mundos, tendrá material real del que partir.
Este es el corazón de la distinción Montessori. La imaginación no se desarrolla dándole al niño mundos inventados. Se desarrolla dándole mundos reales que explorar con todos los sentidos.
Un niño que nunca ha olido tierra después de la lluvia no puede imaginar ese olor. Un niño que nunca ha amasado pan no puede imaginar la resistencia de la masa. Un niño que nunca ha visto crecer una planta no puede imaginar el tiempo que eso toma. La mente del niño construye combinando lo que ya conoció con su cuerpo. Cuanto más ricas y concretas sean las experiencias del niño en estos años, más rica será su imaginación cuando esté lista para desplegarse.
Por eso Montessori observó que los niños que más han explorado la realidad en los primeros seis años son quienes mayor capacidad imaginativa desarrollan en el segundo plano. No a pesar de haber vivido en la realidad, sino gracias a eso.

Montessori no elimina la imaginación. La construye por etapas
Hay un malentendido frecuente sobre Montessori: que limita la creatividad o que forma niños rígidos. Ocurre exactamente lo contrario. Lo que Montessori propone es un orden de construcción: Montessori propone un orden de construcción: la realidad concreta primero. Sobre esa base, la abstracción. Y cuando el niño ya tiene suficiente experiencia real acumulada, la imaginación tiene material genuino del que partir. Para entender cómo cambia la mente del niño en cada etapa, el artículo sobre los planos de desarrollo Montessori explica el proceso completo.
A partir de los 6 años, cuando el niño ya ha construido una comprensión sólida de la realidad, Montessori introduce las grandes lecciones. La historia del universo, el origen de la vida, la aparición del ser humano. Esas lecciones apelan directamente a la imaginación porque el niño ya tiene la base para procesarlas. Puede imaginar el tiempo geológico, puede imaginar civilizaciones antiguas, puede crear mundos propios porque tiene material real con qué hacerlo.
Esa imaginación, construida sobre años de experiencia concreta, es más profunda y más duradera que la que se ofrece con personajes de fantasía a los dos años.
Qué favorece el desarrollo de la imaginación en los primeros seis años
En AMI se prioriza que el ambiente del niño esté lleno de experiencias reales, concretas y variadas. No porque la fantasía sea peligrosa, sino porque la realidad es el material que la imaginación necesita para construirse.
Libros con imágenes realistas: animales de su color real, escenas de la vida cotidiana, proporciones reales. El niño construye clasificaciones mentales con esas imágenes. Un pato que habla y lleva sombrero no aporta información sobre los patos reales.
Materiales con propósito claro: objetos reales a escala del niño que puede usar de verdad: fregar, pelar, verter, doblar. Cada actividad de vida práctica deposita experiencia sensorial concreta en la mente del niño.
Lenguaje preciso: nombrar las cosas con sus nombres reales, responder preguntas con honestidad, hablar sobre lo que se ve y se toca. El lenguaje que describe la realidad construye vocabulario útil y comprensión del mundo.
Contacto con la naturaleza: tierra, hojas, agua, insectos, plantas, sol. Esas experiencias sensoriales son exactamente el material del que se nutrirá la imaginación del niño cuando esté lista.
Una aclaración sobre los cuentos y el juego simbólico
Montessori no propone eliminar los cuentos ni el juego simbólico de la vida del niño. Lo que sí observó es que los niños pequeños prefieren, cuando se les da a elegir, historias sobre la vida real antes que historias fantásticas.
El juego simbólico con objetos reales a escala, como la casita de muñecas con muebles reales, es pedagógicamente valioso porque el niño recrea situaciones que ya conoce de su propia vida. Ese tipo de juego sí está alineado con el principio Montessori porque parte de la realidad del niño, no de un mundo ajeno a él.
Si quieres entender por qué los materiales simples y reales generan más concentración que los que vienen con una función predefinida, el artículo sobre los materiales que no hacen nada explica el principio con ejemplos concretos.
Un niño que ha tocado suficiente realidad tiene todo lo que necesita para imaginar. El ambiente preparado es exactamente eso: realidad accesible, ordenada y rica. Lo demás el niño lo construye solo.
Sobre la autora
Kathe es Guía AMI 0-3, la certificación más rigurosa del método Montessori a nivel mundial, otorgada por la Association Montessori Internationale fundada por María Montessori. Es co-fundadora de Aserrín, marca peruana de materiales y muebles de madera artesanales para niños, diseñados bajo los principios AMI.
Fuentes
– Montessori, M. La Mente Absorbente del Niño. Editorial Diana, 1986.
– Montessori, M. Conferencias de Londres, 1939. Clase 16.
– Montessori, M. Discurso ante la Child Study Society, Londres, 1919.
– Montessori, M. Educación y Paz. Montessori-Pierson Publishing Company.
– Valdivieso Ramírez, K. Fantasía e Imaginación. Formación Guías AMI 0-3, AMI Argentina, 2022-2025.
– Ver también: Association Montessori Internationale (AMI)